Ángel González, poema, fantasma

Cansado de no poder dormir por la visita de un insistente fantasma, Ángel González intentó negociar con él pues no soportaba más la situación.

Desde hace unas semanas, Ángel González experimentó descensos de temperatura en su cuarto y vio cómo se movían sus corbatas por sí solas.

Al momento de preguntar: “¿quién anda ahí?”, recibió la respuesta de un fantasma que le pedía ayuda pues no podía descansar en paz desde que se murió.

Sin asustarse, Ángel González le preguntó qué necesitaba; sugirió una vela, una misa, una cadena de oración o cualquier otra cosa que según él podría ayudar.

Pero ninguna de esas era la respuesta. El fantasma le dijo que necesitaba terminar un poema que dejó inconcluso antes de que un infarto letal acabara con su vida.

Ángel González se negó y desde entonces cada noche el fantasma regresaba insistentemente en busca de su ayuda; quería que el ocupante de su antiguo cuarto le ayudara a terminar.

Lo que al principio fue frío y corbatas flotando luego se convirtió en alaridos y una cama que se movía insistentemente. Ángel González perdió la paciencia poco a poco y optó por escribir el poema.

Como nunca había escrito un poema en su vida, le dijo al fantasma cómo debía empezar. El fantasma le dijo a Ángel González que la hoja donde lo empezó se encontraba atrás de un espejo.

Ángel González entendió que no tenía que escribir un poema, simplemente tenía que escribir el dictado del fantasma para poder terminar el poema.

Una vez con la hoja en su mano, el fantasma le pidió que lo leyera en voz alta el poema para sentir una vez más la cadencia y continuar.

Ángel González leyó el poema de mala gana, con mucho sueño y con la esperanza de finalmente deshacerse de ese fantasma que no lo dejaba dormir por las noches.

El fantasma quedó en silencio y repentinamente el frío que provocaba en el cuarto desapareció. Ángel González sintió calor y antes de quitarse el suéter escuchó las primeras palabras del fantasma.

No tomó mucho tiempo, Ángel González terminó de escribir el poema dictado por el fantasma y sin más dejó de escucharlo. Trató de comunicarse nuevamente con el fantasma pero nunca le contestó.

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